
Un grupo de científicos en Nueva Zelanda descubrió recientemente que los alimentos que son altamente procesados y con un alto índice glucémico podrían resultar adictivos, de manera similar a como ocurre con las drogas.
La “comida chatarra” o los platillos típicos de la fast food tienen un IG muy alto. Éste hace que la sangre suba rápidamente al cerebro, de manera que se estimula un receptor asociado con las drogas. Los platillos con un bajo IG, en cambio, liberan de forma moderada azúcar al torrente sanguíneo, por lo que no causan ese efecto de adicción.
Una razón más para aficionarse a la buena mesa.