
Acabo de enterarme de cierto dato histórico sobre los platillos cubiertos y me pareció de lo más interesante.
La costumbre de cubrir los platos antes de llevarlos a la mesa no sólo mantiene calientes los alimentos, sino que confiere cierta elegancia. Además está el factor de la sorpresa: deslumbrarnos con la impresión visual de lo que estamos por comernos.
Pero resulta que no siempre fue así. En tiempos de monarquías tiránicas, cuando los envenenamientos estaban a la orden del día, el cocinero de la corte tenía instrucciones de no dejar salir ningún plato de la cocina, si éste no estaba tapado y encadenado. ¿La razón? En el trayecto de la cocina a la mesa, a lo largo de oscuros pasadizos, era muy fácil verter polvos o venenos líquidos sobre la comida.
Claro, no existían las cámaras de video en las altas esquinas de los pasillos, y los mayordomos no tenían ojos en la espalda.
Estas curiosidades históricas me fascinan.
Vía: Selecciones