Los grisines italianos, el aperitivo italiano más crujiente


Los grisines italianos son uno de los aperitivos crujientes más conocidos en el país transalpino. En España es habitual llamarlos colines, aunque dependiendo del tamaño y la zona, también se conocen como picos.

Los grissini se sirven como parte de servicio de mesa en muchos restaurantes, y aunque hace un tiempo era patrimonio casi exclusivo de los grandes restaurantes, que lo hacían de modo casero, ahora está al alcance de cualquiera.

Este aperitivo nace en la ciudad de Turín y se caracterizan por ser finos y alargados, muy crujientes pero con una dureza mayor que la de rosquitos o palitos. Este aperitivo se sirve de manera habitual como complemento de ensaladas y otros antipastis, como el fiambre o el queso, y además de ser comunes en Italia, también es un producto muy apreciado en la cocina argentina.

Preparación de los grisines

Para la preparación de los grisines se necesita una masa ligera de pan y añadir un poco  de oliva. Una vez amasada, se separan las porciones en cilindros alargados y para conseguir que estén lo suficientemente crujientes se les añade levadura y polvos de hornear.

Hoy en día, encontramos a la venta grisines de varios sabores. Para ello, se le añaden a la masa otros ingredientes como queso, pimentón, hierbas aromáticas como el orégano e incluso cebolla.

La historia de los grisines

Este aperitivo italiano que se ha exportado a todo el mundo y se ha convertido en una de las señas de identidad de la gastronomía de este país tiene su origen en el siglo XVII, alrededor de 1670, cuando Italia aún no se había unificado.

Se cuenta que el duque de Saboya Víctor Amodeo II padecía frecuentemente gastroenteritis desde muy joven, lo que le hacía no sentir apetito. Para solucionar este problema, el médico Teobaldo Pecchio concluyó que necesitaba alimentos ligeros que pudieran ser digeridos con facilidad.

Fue entonces el panadero Antonio Brunero quien realizó un pan con menos miga que el habitual, y decidió alargar la ghersa, el pan típico de la época, hasta convertirlo en un palillo o bastón, casi sin miga. El resultado fue un nuevo tipo de pan crujiente que desde entonces se conoce como grissino, el diminutivo de ghersa, ghersin.

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