Martes, 21 de abril de 2009 Creado por

Si me preguntaran por mis diez (que no mis cien) lugares favoritos para comer o cenar, sin duda incluiría algunos puntos estratégicos de comida mexicana callejera. En la Ciudad de México, donde antes vivía, es posible encontrar auténticos paraísos gastronómicos: barbacoa, tacos, garnachas, antojitos diversos y hasta comida corrida.

No cabe duda que mezclaría algunos de esos sitios con otros más “oficiales”: restaurantes (restaurantes selectos) hechos y derechos donde el talento de un buen chef y un buen equipo de cocineros es capaz de deleitarme deliciosamente. Siempre busco lugares donde me deje satisfecha la carta de vinos.

Pero cada quién tiene sus elecciones, y yo vengo a compartir con ustedes la del Times Online, que nos ofrece una lista de los cien mejores lugares para comer. ¿Qué les parece? ¿En cuántos de esos lugares han estado?

Miércoles, 18 de marzo de 2009 Creado por

Mi máquina y yo tuvimos algunas dificultades técnicas por lo que las dos llevamos algunos días ausentes. Sin embargo, estamos de regreso y queremos agasajarlos con esta receta que es muy mexicana. Rinde seis porciones. Ojalá que la disfruten:

Ingredientes

  • 1 kg de champiñones blancos rebanados
  • 1 cebolla chica finamente picada
  • 1 diente de ajo finamente picado
  • 1 taza de hojas de epazote fresco, finamente picadas
  • 2 litros de caldo de res desgrasado
  • 1/4 de vino blanco seco
  • 50 g de matequilla
  • 1 cucharada de aceite de olivo
  • Sal y pimienta

Preparación

Calienta la mantequilla y el aceite. Fríe la cebolla y el ajo en una olla de fondo grueso para sopa. Agrega los champiñones y deja que suelten su jugo. Agrega el epazote y mezcla muy bien.

Añade el caldo. Cuando comience a hervir, baja la temperatura y cocina a fuego bajo durante 20 minutos. Sazona con la sal y la pimienta. Aromatiza con el vino y sirve inmediatamente.

Vía: Mundo Recetas

Jueves, 5 de febrero de 2009 Creado por

La cebolla es deliciosa pero qué molesta resulta cuando la estamos picando o rebanando y los ojos se nos llenan de lágrimas. Yo soy una verdadera chillona de la cebolla. Afotunadamente, seguí los consejos de dos mujeres expertas en cocina y sabiduría popular, las dos encargadas del servicio doméstico.

El primer consejo me lo dio Ángela, empleada de mi mamá. Nos recomendó que, al pelar o picar cebolla, pusiéramos frente a nosotras un plato o un vaso lleno de agua. No creí que la medida funcionara, pero me sorprendí al descubrir su efectividad.

Pero, antes de que Ángela nos revelara el secreto, Mary, quien sigue trabajando en mi casa y me enseñó a hacer arroz hace casi diez años, cuando yo estaba recién casada.

–Yo seré su pinche, Mary –le dije aquella vez, y ella me puso a picar cebolla. A la primera muestra de llanto ella casi me regañó.

–Uy señora, ¡no aguanta nada!

–Pero si no se trata de sufrir, Mary.

–Bueno, pues si no quiere llorar meta la cebolla al congelador antes de pelarla, así el olor se le va tantito.

Oh, sabio consejo, mismo que ella nunca necesitó seguir, porque su habilidad para aguantarse las lágrimas era directamente proporcional a su destreza con el cuchillo en la cocina.

Así que ya saben: una hora en el congelador y un recipiente con agua a la mano y el llanto habrá de ceder.